Autora: Ursula K. Le Guin
Escritora de ciencia ficción soft, en esta novela da inicio a una trilogía que promete ser muy interesante, como todas las novelas a las que nos tiene acostumbrados la autora.
En el cono sur del continente existe un colectivo que se da a si mismo el nombre de «Fantasía Austral» que acuñó el término Fantasía Romántica que en parte de su definición indica:
Subgénero de la Fantasía que se caracteriza por estar protagonizado por personajes femeninos fuertes y competentes....
Le Guin es, indiscutiblemente, pionera en este sub-género de la fantasía dando a sus personajes femeninos caracteres definidos que llegan a ser mucho más atractivos que sus contrapartes masculinas. Eso mismo hace que abandone el cliché de víctima y permite adentrarse en los aspectos psicológicos de cada uno de ellos, lo que da un panorama más amplio a sus escritos.
Aunque de entrada la trama de esta novela puede parecer muy trillada ya que es una representación del estereotipo caballero/damisela, aunque en esta ocasión los roles no los asume quien, supondríamos siguiendo el modelo clásico, le corresponde, aunque eso no permita que sean encasillados en sus respectivos papeles.
Quizá no es su mejor relato ni una historia en la línea de los cuentos de Terramar, debo reconocer que es una novela difícil siendo su narrativa algo más lenta y enrevesada que de costumbre, su contenido tiene un deje muy embrionario; es evidente que la autora confía en que seguiremos leyendo el próximo volumen de estos Anales y por lo tanto Le Guin aprovecha de establecer el escenario y los personajes que poblarán el resto de la obra.
En el cono sur del continente existe un colectivo que se da a si mismo el nombre de «Fantasía Austral» que acuñó el término Fantasía Romántica que en parte de su definición indica:
Subgénero de la Fantasía que se caracteriza por estar protagonizado por personajes femeninos fuertes y competentes....
Le Guin es, indiscutiblemente, pionera en este sub-género de la fantasía dando a sus personajes femeninos caracteres definidos que llegan a ser mucho más atractivos que sus contrapartes masculinas. Eso mismo hace que abandone el cliché de víctima y permite adentrarse en los aspectos psicológicos de cada uno de ellos, lo que da un panorama más amplio a sus escritos.
Aunque de entrada la trama de esta novela puede parecer muy trillada ya que es una representación del estereotipo caballero/damisela, aunque en esta ocasión los roles no los asume quien, supondríamos siguiendo el modelo clásico, le corresponde, aunque eso no permita que sean encasillados en sus respectivos papeles.
Quizá no es su mejor relato ni una historia en la línea de los cuentos de Terramar, debo reconocer que es una novela difícil siendo su narrativa algo más lenta y enrevesada que de costumbre, su contenido tiene un deje muy embrionario; es evidente que la autora confía en que seguiremos leyendo el próximo volumen de estos Anales y por lo tanto Le Guin aprovecha de establecer el escenario y los personajes que poblarán el resto de la obra.