Es una novela que muestra la pugna mantenida por dos naturalezas antagónicas, una de ellas la de un virtuoso de este deporte pero sin capacidad para otra actividad intelectual y la de un hombre que nos irá descubriendo la capacidad de resistencia en circunstancias extremas.
He de aclarar que no es preciso ser un apasionado del ajedrez para disfrutar de esta historia, ni siquiera es necesario conocer sus reglas y particularidades, pues en realidad el conocido como juego de reyes no es más que la excusa argumental para relatarnos la historia. Pero no cabe duda de que esta obra adquiere mucha más valía si disfrutas con el ajedrez, pues refleja maravillosamente la pasión que este aparentemente tranquilo entretenimiento puede llegar a provocar en sus seguidores.
La prodigiosa construcción dramática del relato nos envuelve y atrapa. Impagables los momentos de alta tensión: el enfrentamiento entre los dos ajedrecistas hace saltar chispas.
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